Jun 25

Vagamundos Festival 2026

Ayer vi La Leyenda de la ciudad sin Nombre. Y no fue casual, me costó bastante encontrarla. El cine clásico es lo que tiene. Uno puede ver repuesta en televisión, hasta en los horarios más inauditos Resacón en Las Vegas (nada que objetar), y no tener nada fácil encontrar Lolita (sobre todo la de Adrian Lyne), Leaving Las Vegas o La Leyenda de la ciudad sin Nombre.

Hay que revisitar a los clásicos, y no porque tengamos mucho que aprender de ellos, que también, sobre todo por recordar que en otro momento fuimos diferentes. A la velocidad que va esto, no quedará títere con cabeza que recuerde de dónde venimos.

Ya lo decía el maestro Gil de Biedma, «cuando de todo hace más de veinte años».

Y ahora que ya no se llevan los textos, también hay que ver cine clásico por escuchar lo que dicen. Tanto dar importancia a la imagen, por novedosa, por impactante, y se nos olvida que una buena peli es, sobre todo, una buena historia.

Pregunta su amigo a Lee Marvin:

-El mundo se divide entre gente que se marcha y los que se quedan, ¿verdad?

Y Lee Marvin responde:

-Yo no lo creo, hay los que van a algún sitio y los que no van a ninguna parte.

La he visto muchas veces y siempre es lo mismo. Me quedo loco. Y se me olvida que luego viene lo mejor:

-Soy exciudadano de ninguna parte, a veces echo en falta mi hogar.

Ya está. Palabra de Lee Marvin.

O como dijo Fernando Trueba en los Óscar: “no creo en dios, creo en Billy Wilder».

Por todo eso, y algunas cosas más, nos gusta especialmente la edición de este año de nuestro Festival Vagamundos.

Ya estamos a punto de convertirnos en un clásico.

Cinco años hace desde que vimos a los entregados actores de Alcarrás bajo la lluvia, con los paraguas intentando contarnos como es hacer una película cuando se es agricultor.

O cuando el director Gerardo Olivares nos dijo aquello de “nunca había visto una de mis películas proyectada en una colchoneta hinchable”.

O cuando todos nuestros voluntarios, adolescentes la mayoría, colgaban los calcetines (o lo que fuera) en las ventanas del Molino para secarlos.

Ya somos mayores.

Esos voluntarios, los mismos, ya son montadores de cine, músicos, diseñadores gráficos, biólogos, viajeros… y solo han pasado cinco años. Serán ellos los que con el tiempo tengan cosas que contar en los Vagamundos del futuro.

Pero ahora, vamos a estar rodeados de Maestros que van a hacer de esta edición de Vagamundos algo muy especial. Atentos.

Estará con nosotros Ángeles González-Sinde, Julio Medem, Severino Pallaruelo, y muchos más que harán de esta una digna quinta edición.

Lo contaré en el festival, pero si no lo escribo reviento.

Cuando vi Tierra de Julio Medem no me lo podía creer. Todo lo que estaba pasando a oscuras en la sala de cine de los años 90, cuando se estrenó, era yo. Entonces era Tierra y era joven y ese era el cine que me interesaba.

Potencia, sensualidad, aire libre, personajes al límite… No quiero contar más cosas que ya podremos hablar con Julio cuando lo tengamos cara a cara.

Se cumplen treinta años del estreno de la película Tierra.

Cuando vi La buena Estrella, yo era amigo de Fernando Bauluz y sobre todo de Enrique, su hermano. Viví, a través de Enrique, el proceso de ceguera de Ricardo Franco, su director, y cómo eso lleno la película de humanidad. Hasta años después no supe que el guion de La buena estrella era de Ángeles González- Sinde.

Solo esos famosos veinte años que mencionaba Gil de Biedma dan la dimensión exacta de lo que nos marcan las cosas. También la películas.

La buena estrella fue para mí la película donde cobijarme. Un refugio de bondad.

Al poco Fernando murió, después de Lágrimas Negras, y ya nada volvió a ser igual.

Y Ángeles González-Sinde estará con nosotros este año.

Cuando yo comencé a explorar los Pirineos (entonces no se visitaban, se exploraban) era una tierra maldita. Sí, sí, maldita.

No entendíamos como en muchas de nuestras excursiones siempre aparecían pueblos abandonados, senderos rotos, gente hostil, clima severo. Para nosotros era la última frontera. El más allá.

Un día, hace mas de veinte años, cayó en mis manos un libro. Su título Pirineos tristes montes. No tuve ni que abrirlo, ese era mi libro. Ni sabía quién era el autor, pero alguien que es capaz de titular, en ese momento, de una manera tan anticomercial un libro, es mi héroe.Por supuesto lo leí, y era tal cual eran mis montañas, tristes.

Y era Severino Pallaruelo.

Y por respeto a su valor para titular libros y a su sensibilidad, hemos tardado cinco años en invitarle al festival.

Y también estará con nosotros.

Cómo no. Ya somos mayores. Ya podemos mirar a los clásicos de tú a tú.

Y no sé muy bien ni de dónde venimos, ni, lo que es más grave, a dónde vamos, pero es la Quinta Edición de Vagamundos. 

Y como dice Lee Marvin:

– Hay gente que va a algún sitio y gente que no va ninguna parte.

Pues eso.

Nos vemos en Vagamundos.

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